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1 de abril de 2013

{vacaciones de Pascua}


Como a los niños, me encanta vivir plenamente cada estación  y disfrutar de las tradiciones, ritos y costumbres de cada época del año. Pero hasta ahora, ni la semana Santa ni la Pascua tenían sentido para mí, más allá de que son días de vacaciones. Las procesiones típicas de los pueblos y ciudades siempre me han parecido tan tristes y dolorosas...
Pero gracias a la formación Waldorf, he conocido otra forma de vivir la Pascua con los niños. Así que me puse manos a la obra para celebrarla con mis sobrinas en el pueblo. Busqué como una loca huevos blancos (no es fácil encontrarlos hoy en día, menudo mundo el de las gallinas y su curiosidades...) y nos preparamos para soplarlos: todo un trabajo de la paciencia y la perseverancia :)


Al día siguiente los teñimos con trocitos de papel pinocho y agua.




Y cuando se secaron...¡mirad el resultado!


También me llevé a la liebre de Pascua, por supuesto, a la que pusimos con nuestros huevitos de colores. Como no dejó de llover, hicimos el juego de buscar los huevos de chocolate dentro de casa, así que seguramente nos sigamos encontrando huevecitos de chocolate cuando volvamos...


¿Conocéis la historia de la liebre de pascua?

Había una vez una familia de liebres de Pascua, el padre, la madre y los siete hijos. El padre y la madre liebre no sabían quién de sus hijos iba a ser ese año la liebre de Pascua. Entonces la madre liebre de Pascua cogió una cesta con siete huevos, y el padre liebre de Pascua llamó a sus siete hijos y dijo al mayor:

El mayor cogió el huevo dorado y se fue con él a través del bosque, cruzó el riachuelo, atravesó la pradera y llegó al jardín de la casa de los niños. Entonces quiso saltar por encima de la verja, dio un salto demasiado grande y el huevo se cayó y se rompió. Ésta no era la verdadera liebre de Pascua. 


Le llegó el turno al segundo. Éste cogió el huevo plateado, corrió con él a través del bosque, cruzó el riachuelo y llegó a la pradera.

Entonces le llamó la urraca: -Dame tu huevo, dame tu huevo y te regalaré una moneda. 
Y sin que la liebre se diera cuenta, ya se había llevado la urraca el huevo a su nido. Ésta tampoco era la verdadera liebre de Pascua. 
Le tocó el turno al tercero. Éste escogió el huevo de chocolate, corrió con él a través del bosque, cruzó el riachuelo, llegó a la pradera y justo entonces, llegó saltando de un pino alto una ardilla, puso grandes ojos y preguntó:
-¿Está rico? 
-No lo sé, lo quiero llevar a los niños. 
-¿Me dejas probar un poco? 
La ardilla chupó un poco y, como le gustó tanto, siguió lamiendo, y la liebre lamió con ella hasta que todo el huevo había desaparecido. Cuando la tercera liebre llegó a casa, la madre liebre de Pascua le tiró de los pelos de su morrito que aún estaban llenos de chocolate y dijo: 
-Tú tampoco eres la verdadera liebre de Pascua.

Ahora le llegó el turno al cuarto. El cuarto cogió el huevo con muchas manchitas. Con este huevo corrió a través del bosque. Cuando estaba cruzando el riachuelo se paró en medio y se vio en el riachuelo como en un espejo. Cuando se estaba mirando, ¡plaf!, se cayó el huevo al agua. Ésta tampoco era la liebre de Pascua.

Le llegó el turno al quinto. El quinto cogió el huevo amarillo. Con él corrió a través del bosque y antes de llegar al riachuelo se encontró con el zorro.
-Oye, vente conmigo a mi madriguera y enseña a mis hijos el huevo bonito. 
Los zorritos empezaron a jugar con el huevo, se cayó encima de una piedra y se rompió. Rápidamente corrió la liebre a casa con las orejas gachas. Ella tampoco era la verdadera liebre de Pascua.
Le llegó el turno al sexto. El sexto escogió el huevo rojo y con él corrió a través del bosque. Entonces se encontró en el camino con otra liebre. Puso su huevo en el camino y empezó a pelearse con la otra. Por fin, la otra liebre huyó y cuando la sexta liebre buscó su huevo, lo encontró hecho migas. Ésta tampoco era la verdadera liebre de Pascua.
Le tocó ya el turno a la séptima, la liebre más joven y pequeña. Ella cogió el huevo azul. Con el huevo azul atravesó el bosque. En el camino se encontró con otra liebre. La dejó pasar y siguió adelante. Entonces vino el zorro. La liebre dio un rodeo y llegó al riachuelo. Con unos saltos ligeros cruzó por encima de un tronco. Vino la ardilla pero la liebrecita siguió adelante y llegó a la pradera. Cuando la urraca gritó, simplemente le contestó: 
-¡Tengo que seguir!, ¡Tengo que seguir!
Por fin, llegó al jardín de la casa. La puerta estaba cerrada. Ella dió un salto, ni demasiado grande, ni demasiado pequeño, y puso el huevo en el nido que le habían construido los niños. Ésta era la verdadera liebre de Pascua.




8 de enero de 2013

{la navidad y la infancia}

Durante estas navidades, he reflexionado mucho acerca de cómo viven los niños, o cómo les hacemos vivir, la Navidad. Recuerdo vagamente la magia con la que la viví en mi propia infancia: trabajos en el colegio para preparar la Navidad, sacar las cajas para decorar la casa, vacaciones y reuniones familiares con todos los primos,  cosquillas en la tripa al cambiar de año, ilusión por que los Reyes me trajeran aquel juguete que había pedido (y que no siempre llegaba)...recuerdo el día de la cabalgata y cuando, al llegar a casa cargada de caramelos, los Reyes ya habían dejado los regalos. 

 Con el tiempo descubrí el misterio de los Reyes y aunque para mí no fue una desilusión muy grande,  poco a poco todo esto dejó tener su "magia". En mi adolescencia aborrecía incluso las reuniones familiares, no estaba de acuerdo con engañar a los niños de esta manera, con las compras compulsivas, y con el despilfarro de comida y bebida al tiempo que se piden donativos para los pobres. Me parecía un negocio como otro cualquiera, y aún hoy en cierto modo lo sigo viendo  así.
Pero con la llegada de mis sobrinas, parte de la magia con la que yo lo vivía ha regresado, aunque no en su plenitud.  Sigue habiendo cosas que me chirrían, que no van con mi forma de pensar. Y esto me ha llevado a valorar  cómo me gustaría vivirla cuando tenga mi familia. Y sé que hay ciertas cosas que quiero conservar.
Por ejemplo me he sentido muy identificada con estas frases que  he sacado de un artículo de Kireei, ahí van: 

  • La Navidad es la fiesta de la Luz, del solsticio, del fin del acortamiento de los días y del renacimiento del día que se alarga, es una fiesta de esperanza, de recogimiento, de estar con las personas más queridas resguardándose del frío, de dar y recibir.
  • Es una tradición que,  con la repetición del ciclo, diferentes generaciones han ido añadiendo significados y renovando el sentido de la fiesta. A mi eso también me gusta, me recuerda que seguimos formando parte de un planeta que gira sin nuestro concurso, me liga a la tierra donde vivo, me recuerda las generaciones que vivieron antes de mi (trayendo, a veces de muy lejos, costumbres y maneras de hacer) y me llena de ilusión al poder compartirlo con la familia y en especial con:
  • los niños, pues la Navidad es también la fiesta de los niños, que son nuestra promesa de futuro. Y aquí es donde yo quiero incidir. 

Si es un ciclo festivo que se repite cada año, si los protagonistas son los niños,. si son la promesa de futuro, entonces hemos de cuidar muy bien qué les estamos enseñando en estos días y qué están aprendiendo de nuestra forma de vivirla.
Me apena mucho ver cómo los anuncios de TV y catálogos de juguetes de grandes superficies son los primeros en atiborrar a los niños de deseos e ilusiones engañosas, de últimas y tentadoras novedades del mercado.  La mayoría de estos juguetes son  de plástico con envoltorios muy sofisticados y  grandes embalajes, con todo lujo de detalles, colores, sonidos reales... pero  ideados desde el punto de vista del adulto, y no del niño.  Apenas tienen opciones de juego y  no son nada creativos, por no hablar de las connotaciones sexistas que conllevan...eso daría para otro año de reflexión. Y como resultado tenemos niños aburridos que no saben jugar, y eso me parece tan triste...todos hemos visto alguna vez el típico caso en el que triunfa más la caja que el juguete, o el niño que termina jugando con las pinzas de tender en vez de con los juguetes  que hemos comprado para él. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en atiborrarles con juguetes sofisticados? ¿No debería primar la calidad frente a la cantidad? ¿Les estamos enseñando de esta manera valores como la honestidad, el cariño, la alegría, el amor o el respeto que tanto se predica en estas fechas? 
Por todo ello respiro y.....grito: ¡Fuera estos catálogos de sus manos y los anuncios de tv de sus ojos!

Luego nos encontramos con las típicas  frases amenazas  de "¿has sido bueno?" "pórtate bien  que te están viendo los reyes magos...".  Vuelvo a recurrir a otro  artículo muy bueno de kireei en el que se habla de esto: los regalos deben ser regalos y no recompensas. Es decir, su cantidad o calidad no debe asociarse nunca al comportamiento durante el año. La razón de esto debería entenderse por el mero hecho de imaginarnos, como adultos, que tuviéramos que soportar la tensión y el estrés que nos supondría el estar vigilados 24h al día 365 días al años lo que hacemos bien y lo que hacemos mal. Os recomiendo leer esta carta a los Reyes Magos...

Y para terminar me gustaría reflexionar sobre el hecho tan comúnmente  aceptado  de engañar a los niños con el tema de los Reyes. Y aunque acabo de leer una preciosa historia  para contar a los niños ya más mayores cuando descubren la verdad (aunque cambiaría el final y en vez de que la niña fuese a por dinero de la hucha, fuese a hacerles un dibujo o algo con sus manos) no termina de convencerme la parafernalia que se monta en torno a la mentira. 
Quizás si fuesen regalos sencillos, o UN regalo especial, acompañado de otros ritos y tradiciones como pasar tiempo en familia, pudiera pasar. Pero lo que tengo claro es que no quiero caer con mi familia, cuando la formemos,  en esa trampa envolvente de consumismo en Navidad. 




10 de junio de 2012

{fiestas San Antonio 2012. Consuegra de Murera}

Este fin de semana han sido las fiestas del pueblo. Hubo una época en que no entendía estas tradiciones, pero ahora me gustan y hasta me ilusionan... 23/52
 Es mi padre tocando la dulzaina ... Y la mujer rubia que se ve de fondo mi madre bailando jotas!
 carla y elena firma
 A las pequeñas les encanta "disfrazarse" de segovianas, aunque somos los adultos quienes más nos emocionamos al verlas con esos vestiditos...Las faldas las ha hecho mi madre! de segovianas firma
Además este año mi prima, mi hermana y yo nos encargamos de organizar los juegos...

 Por la mañana hicimos un taller de flores con hueveras en el parque: {taller de flores en el parque}

flores huevera ¡Quedaron preciosas!
 Y por supuesto no podían faltar los juegos tradicionales... carrera de sacos
Carreras de sacos...
 botijos-macetas
Romper los botijos (o macetas...)

 paula huevo
O llevar el huevo con una cuchara para acabar haciendo una tortilla :)
¡Lo hemos pasado genial!